jueves, 1 de marzo de 2007

Heng-O

En tiempos antiguos, la gente en China creía que había doce Lunas ya que había doce meses en un año. Así mismo, Las personas en China creían que había diez Soles ya que había diez días en la semana China. La madre de las doce Lunas era también la madre de los diez soles.

Al principio de cada mes, la madre, Heng-O, lavaba a sus hijos en un lago en el lado extremo del oeste del mundo. Entonces cada Luna, una tras otra, viajaba en una carroza por un mes hasta alcanzar el lado este del mundo.
Allí, los Soles comenzaban su viaje. Se creía que las Lunas estaban hechas de agua, y que una liebre o un sapo vivían dentro de ellas.

En todo el Extremo Oriente y Oceanía, existía un dualismo cosmológico oponiéndose dos principios, por una parte la luz, el sol y el fuego, por otra parte la oscuridad, la luna y el agua. Generalmente, un pájaro representaba al primer principio.

Pangu aparece en la literatura no antes del año 200 de nuestra era. Fue el primer creador.

Al comienzo sólo había un caos sin forma del que surgió un huevo de 18.000 años. Cuando las fuerzas yin y yang estaban equilibradas, Pangu salió del huevo y tomó la tarea de crear el mundo. Dividió el yin y el yang con su hacha. El yin, pesado, se hundió para formar la tierra, mientras que el Yang se elevó para formar los cielos. Pangu permaneció entre ambos elevando el cielo durante 18.000 años, tras los cuales descansó. De su respiración surgió el viento, de su voz el trueno, del ojo izquierdo el sol y del derecho la luna.

Su cuerpo se transformó en las montañas, su sangre en los ríos, sus músculos en las tierra fértiles, el vello de su cara en las estrellas y la Vía Láctea. Su pelo dió origen a los bosques, sus huesos a los minerales de valor, la médula a los diamantes sagrados. Su sudor cayó en forma de lluvia y las pequeñas criaturas que poblaban su cuerpo (pulgas en algunas versiones), llevadas por el viento, se convirtieron en los seres humanos.

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