jueves, 20 de diciembre de 2007

La Luna (Rusalka)


Gabriela Beňačková
Praha, 1988


Rusalka es una ópera con música de Antonín Dvořák y libreto de Jaroslav Kvapil (1868-1950), estrenada en Praga el 31 de marzo de 1901. El nombre de la ópera proviene de la mitología eslava, donde Rusalka es un espíritu del agua que vive en lagos o ríos.

El libreto fue escrito por el poeta Jaroslav Kvapil sin que le fuera pedido por ningún compositor. Está basado en los cuentos de hadas de Karel Jaromir Erben y Bozena Nemcová y contiene elementos que aparecen también en La Sirenita de Hans Christian Andersen y Undine de Friedrich de la Motte Fouqué.

La ópera fue un éxito en tierras checas, aunque menos en el resto de Europa.

El aria más conocida de la ópera es la Canción a la Luna, que canta Rusalka para pedirle que la convierta en un ser humano que pueda ser amado por El Príncipe.

RUSALKA
Měsíčku no nebi hlubokém,------ Luna, que con tu luz iluminas todo
světlo tvé daleko vidí, -----------desde las profundidades del cielo
po světě bloudíš širokém, ---------y vagas por la superficie de la tierra
díváš se v příbytky lidí. ---------bañando con tu mirada el hogar de los hombres.
Měsíčku, postůj chvíli, -----------¡Luna, detente un momento
řekni mi, kde je můj milý! --------y dime dónde se encuentra mi amor!
Řekni mu, stříbrný měsíčku, -------Dile, luna plateada,
mé že jej objímá rámě, ------------que es mi brazo quien lo estrecha,
aby si alespoň chviličku ----------para que se acuerde de mí
vzpomenul ve snění no mne. --------al menos un instante.
Zasvit mu do daleka, --------------¡Búscalo por el vasto mundo
řekni mu, kdo tu naň čeká! --------y dile, dile que lo espero aquí!
O mně-li duše lidská sní, ---------Y si soy yo con quien su alma sueña
af se tou vzpomínkou vzbudí! ------que este pensamiento lo despierte.
Měsíčku, nezhasni, nezhasni!-------¡Luna, no te vayas, no te vayas!

(Měsíc zmizí v mracích)------------(La luna desaparece tras una nube)


Argumento
Acto I En un lago a la luz de la luna

Tres ninfas acuáticas bailan felices hasta la llegada de su padre, un espíritu de las aguas que se pone a jugar con ellas. En ese momento, Rusalka, la 4º hermana, se despierta y confía a su padre que se ha enamorado de un joven que suele ir al lago a bañarse. Rusalka explica que quiere tener un alma y así ser humana para poder estar con el hombre al que ama. El padre, tras advertirle que si hace eso perderá la inmortalidad y viendo que está decidida, le dice que vaya a hablar con la bruja Jezibaba quien le ayudará pero con condiciones. Si quiere ser humana, será a cambio de su voz. Otra condición que le pone es que si su amado la rechaza, no será ninfa ni humana y tendrá que vagar por el lago en soledad. Rusalka, que sólo piensa en el amor, acepta y Jezibaba le da un bebedizo. Llega el hombre, que resulta ser un príncipe y le pregunta si es ninfa o humana. Rusalka lo abraza y se la lleva al palacio.

Acto II En el palacio del príncipe

Los preparativos para la boda entre Rusalka y el príncipe se llevan a cabo. Dos sirvientes comentan preocupados que la prometida de su amo es extraña y muda. Mientras tanto, el príncipe parece decidido a llevar adelante el matrimonio, aunque se muestra contrariado por el silencio de Rusalka y su frialdad. Algo inquieto, le insta a amarlo apasionadamente y entra en escena una princesa extranjera. El príncpe se enamora de la princesa, porque tiene voz, y enseguida pierde el interés por Rusalka.

Sigue un ballet, tras el cual el padre de Rusalka entra en escena. Encuentra a su hija desesperada y le pregunta si es esa la felicidad que buscaba entre los humanos. Rusalka, que sí puede hablar con su padre, le pide ayuda. Para concluir el acto, el príncipe y la princesa extranjera entran de nuevo en escena. El príncipe le declara su amor a la princesa, ésta le dice al príncipe que ya no lo quiere y que siga a Rusalka al infierno.

Acto III En el fondo del lago

Rusalka está desesperada, puesto que no es ninfa ni humana, su única tarea será conducir a los hombres a la muerte. Pide a la bruja Jezibaba que la ayude y ésta sugiere que mate al hombre que la llevó a la perdición, pero Rusalka se niega.

Los criados del príncipe bajan al fondo del lago para pedir a la bruja que los ayude, puesto que el príncipe está desolado desde que Rusalka lo abandonó.

El espíritu del agua aparece en escena y los criados huyen aterrorizados y culpa al príncipe de la traición sufrida por su hija Rusalka. El príncipe sigue enamorado de Rusalka y la busca sin descanso. Al encontrarse ella le reprocha que la abandonara. El príncipe pide perdón y le ruega que lo bese, Rusalka le advierte que si lo hace, él morirá, pero no le importa. Se besan y el príncipe muere dichoso.

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