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viernes, 14 de diciembre de 2007

Tristesses de la Lune

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Esta noche la Luna sueña con más pereza,
como sobre cojines tendida una belleza
que, acariciando leve con mano distraída
el contorno del seno, se va a quedar dormida.

Sobre su suave espalda con pálidos nublados,
moribunda, se entrega a éxtasis prolongados,
y pasea sus ojos por las blancas visiones
que en el azul ascienden igual que floraciones.

Cuando sobre este mundo su languidez ociosa
deja caer alguna lágrima silenciosa,
un poeta piadoso, enemigo del sueño,

en su mano recoge esta lágrima fría
como un fragmento de ópalo que al iris desafía,
y de ella al solitario corazón hace dueño.



Charles Baudelaire
Francia, 1821

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martes, 13 de noviembre de 2007

Tristeza de la Luna

Esta noche la Luna sueña con más pereza,
como sobre cojines tendida una belleza
que, acariciando leve con mano distraída
el contorno del seno, se va a quedar dormida.

Sobre su suave espalda con pálidos nublados,
moribunda, se entrega a éxtasis prolongados,
y pasea sus ojos por las blancas visiones
que en el azul ascienden igual que floraciones.

Cuando sobre este mundo su languidez ociosa
deja caer alguna lágrima silenciosa,
un poeta piadoso, enemigo del sueño,

en su mano recoge esta lágrima fría
como un fragmento de ópalo que al iris desafía,
y de ella al solitario corazón hace dueño.

Tristesses de la lune

Ce soir, la lune rêve avec plus de paresse;

Ainsi qu'une beauté, sur de nombreux coussins,

Qui d'une main distraite et légère caresse

Avant de s'endormir le contour de ses seins,



Sur le dos satiné des molles avalanches,

Mourante, elle se livre aux longues pâmoisons,

Et promène ses yeux sur les visions blanches

Qui montent dans l'azur comme des floraisons.



Quand parfois sur ce globe, en sa langueur oisive,

Elle laisse filer une larme furtive,

Un poète pieux, ennemi du sommeil,








Dans le creux de sa main prend cette larme pâle,

Aux reflets irisés comme un fragment d'opale,

Et la met dans son cœur loin des yeux du soleil.


Charles Baudelaire
Francia, 1821

sábado, 15 de septiembre de 2007

El Lobo que Cree que la Luna es Queso

Andaba el lobo muy hambriento y ya no sabía que hacer para coger algún animal para comerselo. Y por hay encuentrasé con la zorra y le dice:

-- Oiga usted, señora zorra, que me la voy a comer.

Y la zorra le dijo:

--Pero mire usted, que estoy muy flaca. No soy más que huesos y pellejos.
--No, que usted estaba muy gordita el pasado año.
--El año pasado si que estaba gordita, pero ahora tengo que darles de mamar a mis cuatro zorritos y apenas hallo bastante para crear leche para ellos.
--¡Que no me importa!, la dijo el lobo.
Y iba a darle la primera mordida, cuando la zorra le dijo:
--Deténgase usted, por dios, señor lobo. Mire que yo se donde vive un señor que tiene un pozo lleno de quesos.

Y se fueron la zorra y el lobo a buscar los quesos. Y llegaron a una casa y pasaron unas tapias y llegaron ande el pozo, y la Luna se reflejaba en el agua y parecía un queso. Y se asomó la zorra y volvió y le dijo al lobo:

--¡Ay amigo lobo, que el queso es grandón! Mire asomesé usted.
Y se asomó el lobo y vió la Luna y creyó que era un queso grandón. Pero el lobo sospechoso ,la dijo a la zorra:
--Pues bueno, amiga zorra, entre usted por el queso. Y la zorra se metió en uno de los cubos y entró por el queso. Y desde abajo le gritaba al lobo:
--¡Ay, amigo lobo! ¡Que grandón está el queso! ¡No puedo con él! Venga usted a ayudarme a subirle.
--Pero no puedo yo entrar -- la decía el lobo--. ¿Cómo voy yo a entrar? Súbalo usted sóla.
--Y la zorra le dijo:
--Pero no sea usted torpe. Metasé usted en el otro cubo y verá como así entra fácilmente.

Y se metió la zorra entonces en el cubo ande había bajado. Y el lobo se metió en el otro cubo y, como pesaba más, se deslizó para abajo y la zorra subió para arriba. Y hay se quedó el lobo buscando el queso, y la zorra se fue muy contenta a ver a sus zorritos.

Cuento Popular Español

viernes, 10 de agosto de 2007

Giraluna

Todo fue de repente. En un instante. Una pequeñísima fracción de tiempo. ¿Cómo explicarlo?
Bueno, digamos que en lo que dura un parpadeo: un abrir y cerrar de ojos... pero no un parpadeo cualquiera. Un presagio. ¿Cómo describirlo?

Podríamos decir, por ejemplo, que los árboles pendían de arriba y sus copas colgaban del cielo hacia nosotros.
Sí, era como un extraño cielo de tierra que se hallaba lejos, lejísimos, muy encima de nuestras miradas, y aquí, donde antes solía estar la tierra, había nubes, sólo nubes de diferentes tamaños, ¡nubes por todos lados! Y, además, una fina lluvia brotaba de abajo hacia arriba, como rehilete, vertical, del suelo al cielo, que más que mojarnos, nos hacía cosquillas en el cuerpo.

Los rayos del sol rozaban nuestras cabezas y estallaban en luminosos senderos a la altura de nuestro pecho.

Más allá, también arriba y lejos, el mar podía verse como suspendido, como enorme espejo de azules y blancos y, a pesar de verlo como si estuviese detenido, podíamos adivinar su himno de vaivenes, la canción que el mar canta para arrullar a las olas. También, entre los grandes fragmentos de esa extraña tierra celeste, se alcanzaban a ver los ríos que recorrían las porciones elevadas de continentes, como venas azules de un sorprendente cielo café.

El agua de lluvia lograba rociar las flores que, desde allá arriba, parecían sonreírnos gustosas y frescas.
Y nosotros no podíamos creerlo; admirábamos el paisaje locos de asombro y de alegría: ¡estábamos caminando sobre nubes! Nubes por todas partes; corríamos sobre ellas, brincábamos y ¡no se deshacían¡; nos dejábamos caer sobre ellas y, lejos de golpearnos, sentiamos el roce de la espuma que nos envolvía como enormes manos de blanco algodón dulce.
Hacíamos guerritas de copos de neblina y disfrutábamos de un fresco olor a pompas de jabón, entre los murmullos de la bruma.

Seguramente los demás niños se habían dado cuenta del maravilloso cambio, pero quizá sus padres se habían asustado y no les habían permitido salir a jugar. A nosotros sí: Luis Antonio saltaba tomado de la mano de Lorena, entrando y saliendo entre los montes de nube, mientras Sofía y yo nos revolcábamos en el espumoso suelo como si rodáramos sobre una inmensidad acolchonada de burbujas.


-¡Miren! -exclamó Sofía, y señaló un enorme semicírculo de colores que, como una gigantesca y alargada U, se extendía a algunos metros de distancia.
-¡Es el arco iris! -respondimos al unísono Luis Antonio y yo.
-Pero, ¿por qué está así? -inquirió Sofía, asombrada de ver un arco iris sobre el suelo.
-¿Qué no ves- le dije -que todo el cielo está al revés?


Sin preguntar, tropezándose con montículos de niebla, Lorena ya iba corriendo para averiguar en qué consistía ese colorido resplandor.
-Cuida a tu hermana, Gabriel -me dijo Luis Antonio y me apresuré a detenerla, sin permitirle acercarse hasta que Luis y yo averiguáramos si no eran peligrosas esas franjas de colores.
Y allí estaba, conformado un grandioso arco de siete fulgores; casi se podían tocar.
-Podemos jugar a la reta -exclamó Sofía, pero Luis Antonio y yo respondimos que sería muy dificíl dar vueltas a tantos colores juntos y tan largos.


Yo propuse jugar a salto de longitud y, así, cada color sería la medida de nuestro esfuerzo.
Como Lorena era la menor, le dimos oportunidad de iniciar la carrera desde el naranja; ella corrió y sólo logró caer en el amarillo. Íbamos a consolarla y estábamos dispuestos a aplaudir su salto, aunque sabíamos que había sido muy pequeño, cuando, de repente, ¡su vestido blanco se llenó de girasoles!, todos la mirábamos sin poder creerlo y ella, contenta, sólo se hizo a un lado para que los demás saltáramos.


Luis Antonio trazó con el talón una raya atrás del rojo, voló, corrió, voló... y fue a dar al verde. Antes de que pudiéramos decirle cualquier cosa, Luis Antonio enseñaba feliz una bolsa de caramelos de limón que, al tocarlos, cambiaban de forma, crecían o se achicaban y, sin querer convidarnos, dijo que se los iba a comer todos.

Sofía insistió en saltar sin ninguna ventaja. Se colocó en la misma línea de la que había partido su hermano y puso todo su esfuerzo en el brinco que la llevó al naranja.
Lloraba porque era la que menos había saltado; ya íbamos hacia ella, cuando el propio color naranja la reconfortó: la franja la envolvió y la elevó por encima de las nubes, la hizo reír y le regaló muchas paletas de naranja que Sofía repartió entre todos, porque a ella sí le gustaba compartir y, además, eran tantas, que no cabían en todo el espacio de su falda recogida.

-¡Que salte Gabriel! -aclamaron todos. Yo estaba muy nervioso.

Era el más alto y temía no lograr nada. Cerré los ojos, sentí un calor que subía desde las plantas de los pies hasta mi cabeza y corrí, corrí, corrí y al caer, me volví y me di cuenta que había saltado todos los colores.

Gané el juego, pero perdí la oportunidad de que el arco iris me regalara algo. De pronto escuché un ¡pssst!, ¡pssst! La voz provenía de un refulgente semicírculo blanco. Me acerqué. Los demás venían detrás pero yo les llevaba bastante ventaja. Cuando llegué, la luz era muy intensa, mis ojos tuvieron que esperar unos instantes para no cegarse.

Cuando pude abrirlos, vi a un conejo gris que me llamaba y me ofrecía unas gomitas dulces que sabían deliciosas y que nunca antes había probado.

-Te felicito- me dijo mientras pasaba la mano por mi cabeza -.Tu cabello es suave y negro como la noche en que fui engendrado, la noche del principio del mundo- susurró.

Mis amigos y mi hermana llegaron justo cuando le estaba preguntando quién era. Los cuatro lo mirábamos
sorprendidos, él nos invitó a pasar a su casa, que semejaba un inmenso iglú resplandeciente y entramos de inmediato, puesto que a todos nos inspiró simpatía y confianza.

-¡Tengan, jueguen!, -exclamó el conejo y nos regaló unos cristales que dejaban ver los seis colores sobre los que habíamos saltado.

-Otra vez el arco iris, pero en chiquito- pronuncio Sofía admirada.
-Sí- repuso el conejo -, lo que sucede es que mi casa está llena de luz y cuando ésta atraviesa un prisma, se pueden ver distintas ondas en forma de bandas de colores.

-¿De dónde vienes?- preguntó Lorena.
-Dentro de unos minutos lo sabrán. Me dio mucho gusto conocerlos. Ahora salgan , porque, como buen conejo que soy, siempre tengo prisa.

Le dimos la mano al conejo. La noche empezaba a invadir el espacio nebuloso y la luna caminaba mágicamente hacia el cielo crepuscular, mientras nuestro amigo se despedía con un afectuoso ademán.

-Su casa es la Luna, ¡qué maravilla!- repetía Lorena.
Lentamente la Luna fue ascendiendo hacia un cielo que, poco apoco, se oscurecía para dar cabida al fosforescente astro. Las nubes se desmoronaban y los árboles, el pasto y el mar, dulcemente descendían y pronunciaban nuestros nombres bajito, como se duerme a los niños:
-Gabriel, Luis Antonio, Sofía, Lorena, somos cómplices, no lo cuenten, tampoco lo olviden.

Y allí nos quedamos, como testigos del principio del mundo, sintiéndonos felices. Cuando terminó el juego de resplandores, nos abrazamos, prometimos guardar el secreto y nos fuimos a dormir, sabiendo que habíamos sido escogidos para presenciar y llevar dentro para siempre un día de giraluna.


Jennie Ostrosky
Ilustraciones de Ollin


Fuente:Cuentos para chiquitos


martes, 5 de junio de 2007

La Luna y el Jaguar

En una arete fiesta muy grande, el pueblo se encontraba gozando de la abundancia del maíz danzando y bebiendo el sagrado kägui (bebida especial de las fiestas) en agradecimiento a las bondades de ñandeRu Tumpa nuestro Padre Dios. Una pareja, tenía por hija a Inomu, una joven muy hermosa, la misma que acompañaba a sus padres rodeada de otras muchachas de la aldea. Sin embargo, nadie se había percatado de que la doncella enamoraba a escondidas con el apuesto Tatu tumpa dios Armadillo. Cierta mañana, una Ärakua (pava silvestre) entonó una melodía, diciendo: "ärakua pichuikua, ärakua pichuikua... Inomu ipurua vìari, Inomu ipurúa vìari... ärakua pichuikua, ärakua pichuikua... Inomu está embarazada, Inomu está embarazada...".

Pasmados por semejante noticia, los danzarines dejaron de entonar sus canciones y los presentes, interrumpiendo la fiesta, comenzaron murmurar en contra de la bella Inomu que había deshonrado a la familia y violado las buenas costumbres de la aldea. Los padres de la joven, muy avergonzados por la actitud de su única hija, abandonaron la fiesta y se apresuraron a despedirla de la aldea. De nada sirvieron las desesperadas súplicas de la muchacha por tratar de convencer a sus padres...

Inomu, expulsada y martirizada por semejante humillación, lloraba desconsoladamente por la selva esperando que alguien se apiade de ella. Fue entonces cuando uno de sus hijos, desde sus entrañas, le pregunta: "¿por qué lloras querida madrecita?" Inomu les explica lo sucedido a sus hijos, y ellos la consolaron y se comprometieron a indicarle el camino que conduce a la casa de su padre, el Tatú tüpa dios Tatú, con la condición de que ella recogiera todas las flores que encontrara a su paso. Así, cargada de flores, Inomu caminaba por la selva, hasta que se cansó y se quejó diciéndoles: "¿no les da pena sacrificar ustedes más a su madre, cargándola de tantas flores?. Los niños, entonces, se enojaron con su madre y no le volvieron a hablar más.

Inomu se equivocó de camino y llegó a la casa de los jaguares, quienes no tardaron en devorada, pero los gemelos fueron salvados por la madre (una anciana) de estos jaguares. Cuando los niños crecieron, vengaron la muerte de su madre matando a todos los jaguares, menos a uno de ellos que tenía dos cabezas, quien herido de una de las cabezas corrió a ocultarse debajo del tìru manto de una anciana que se encontraba sentada en una colina (era Yasì la Luna). Cuando los jóvenes llegaron ahí, Yasì Luna les mintió diciendo que no ocultaba a nadie. Pero cuando ellos se alejaron, Yasì gritaba: ¡Peyuuuuu, ko Yagua che reutamaaaa...!

¡Auxilio, que el jaguar me está devorando! Mas cuando los gemelos regresaron, Yasì se revolcaba riendo a carcajadas. La misma broma repitió por segunda y tercera vez. Entonces, los gemelos le dijeron: "Arakae yave ndekueraií kuri esapukaitei eiko, yaecha kia tou tande repì kuri yagua iyurugui". "En vano pedirás auxilio cuando algún día el Jaguar te devore de verdad, porque nadie vendrá a tu rescate".

Los guaraní creen que cuando la luna se oscurece (eclipse) es que el Jaguar la está devorando. Para ahuyentarlo, los hijos primogénitos deberán gritar a todo pulmón y la población entera provocará estremecedores ruidos a fin de que el Jaguar se asuste y no acabe con la luna. La mancha que se observa en la luna, es la figura de un jaguar acostado dentro del manto de Yasi, según ellos.

Leyenda Guaraní

sábado, 5 de mayo de 2007

El Giraluna

Una vez, en un campo de girasoles nació un giraluna.

Los girasoles nacen uno al lado del otro, son todos igualitos,adoran al sol y desde que amanece levantan la cabeza hacia el cielo para verlo salir.

En cuanto el sol se levanta, los girasoles ya no pueden dejar de mirarlo. Y mientras el sol va corriendo por el cielo, los girasoles van volviendo la cabeza para no dejar de verlo.Cuando, por la tarde, el sol se acuesta a lo lejos, en la raya del horizonte, a los girasoles se les dobla la cabeza de tan cansados como están ,de estar todo el dia mirando y mirando. Y se duermen como plomos.

El giraluna es algo muy diferente. El giraluna nace solo y siempre es una sorpresa. Hay muy poca gente en el mundo que haya podido ver, o escuchar a un giraluna. ¿Y sabeis por que?

Pues porque el giraluna vive de noche y en secreto, cuando todo el mundo duerme. Ni siquiera los girasoles que crecen a su lado, y a esas horas están dormidos como troncos, se enteran.

Aquel giraluna nació una noche de verano,cuando en el cielo, todo lleno de estrellas, la luna era una rajita de plata. En cuanto el giraluna brotó de la tierra, y asomó un tallo blanco que apenas se veía. se puso a cantar muy bajo.

"Luna ,lunera
cascabelera
los ojos azules
la cara morena... "


Y así una noche detras de otra, mientras la Luna se iba agrandando en el cielo, el giraluna siguía creciendo y cantando sin dejar de mirarla.

"Luna ,lunera
cascabelera
aún estas chiquita
arroz y canela... "


El giraluna cada noche cantaba más alto, y con una voz tan clara que parecía una campanilla de cristal,Se podía pasar horas y horas inventando versos nuevos.

"Luna lunera
cascabelera
bailando en el aire
ya estas casi llena... "


Subió por encima de los girasoles dormidos y , cuando ya estuvo muy alto, la flor del giraluna se abrió en el aire. El giraluna tiene una flor hermosisima, blanca y brillante, que baila y se mueve igual que si volara, mientras todas sus hojas suenan lo mismo que flautas y cascabeles.

En la noche de Luna llena, el giraluna parecía una cometa maravillosa que podía alargar su tallo hasta alcanzar el cielo, y jugar en el aire, loco de alegría, y doblarse bailando hasta tocar la tierra.Antes de que amaneciera y llegara la luz de la mañana, el giraluna cerró su flor y empezo a achicarse para que nadie lo viera.


En los dias siguientes , poco a poco, la luna empezó a menguar haciendose cada vez más pequeña, hasta que una noche desapareció y ya no se la vio en el cielo. Y el giraluna, que se había ido encogiendo y estaba ya muy chiquitito, volvió a meterse bajo tierra mientras seguía cantando con una voz que apenas se oía.

"Luna, lunera
cascabelera
los ojos azules
la cara morena...
Luna ,lunera
cascabelera
otra vez te escondes
espero a que vuelvas...
Espero a que vuelvas..."

Autor: Sisibel


domingo, 1 de abril de 2007

Como el Sol, Como la Luna (Sinaloa)


Cuando alguien quiere declarar su amor utiliza versos como los que presentamos.

En una mesa te puse
un grano de oro en un plato:
vi el sol, vide la luna,
lloré de ver tu retrato,
corazón, no seas ingrato.

Mascadita purpurina,
seda blanca y amarilla,
me aconsejan que te olvide,
¡pero cuándo vida mía!

Pedacito de listón,
pedacito de media vara,
te cargaría en la bolsa
para que nadie te hablara.

Soy constante y firme juro,
hasta el morir te amaré,
porque mi pecho es tan puro
como la flor de café.

¡Que me siga la tambora!


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martes, 27 de marzo de 2007

La Luna Nos Buscó Desde La Almena....

La Luna nos buscó desde la almena,
cantó la acequia, palpitó el olvido.
Mi corazón, intrépido y cautivo,
tendió las manos, fiel a tu cadena.

Qué sábanas de yerba y Luna llena
envolvieron el acto decisivo.
Qué mediodía sudoroso y vivo
enjalbegó la noche de azucena.

Por las esquinas verdes del encuentro
las caricias, ansiosas, se perdían
como en una espesura, cuerpo adentro.

Dios y sus cosas nos reconocían.
De nuevo giró el mundo, y en su centro
dos bocas, una a una, se bebían.

Antonio Gala

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jueves, 22 de marzo de 2007

Refranes Marineros

"La Luna puesta o salida a vigilancia convida"

"Luna amarilla o rojiza que lloverá profetiza."

"Luna al salir colorada anuncia que habra ventada."

"Luna de agosto frío en el rostro."

“Viento mujer y fortuna mudables como la Luna”

“Agua a la entrada de la Luna, o mucha o ninguna.”

“Luna con cerca y agua en cubierta, marinero alerta.”

“Luna descolorida, mar embravecida.”

“Luna con cuernos al mar, agua va a buscar.”

“Luna pálida anuncia agua; roja, viento, y blanca, buen tiempo.”

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lunes, 19 de marzo de 2007

La Luna Asoma...

Cuando sale la Luna
se pierden las campanas
y aparecen las sendas
impenetrables.

Cuando sale la Luna, el mar cubre la tierra
y el corazón se siente
isla en el infinito.

Nadie come naranjas
bajo la Luna llena.
Es preciso comer
fruta verde y helada.

Cuando sale la Luna
de cien rostros iguales,
la moneda de plata
solloza en el bolsillo.

Federico Garcia Lorca



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martes, 13 de marzo de 2007

La Luna de Queso

La Luna es de queso. Un queso grande, redondo y blanco.

Tan blanca es, que el Ratoncito Pérez se quedaba embobado mirándola noche tras noche. Y siempre pensaba lo mismo: ¿cómo podría él darle un mordisquito a esa Luna tan apetitosa?

Por más que lo intentaba, no lograba llegar con sus saltitos ni siquiera un poquito cerca. Pero estaba seguro que la tocaba con su hociquito. ¡Casi podía oler el aroma que desprendía!

Por las noches, soñaba que excavaba túneles en la Luna blanca de queso. Y pasaba horas y horas comiendo y excavando, túnel tras túnel hasta que, de pronto, ¡la Luna se acababa y él se caía al vacío! Pero siempre se despertaba en su colchón, ¡aunque con un buen susto!

Lo siguiente que hizo, fue buscar un lugar lo suficientemente alto desde el que pudiese acercarse lo bastante para saltar a ella.


Buscó y buscó. Se subió a las casas más altas; a los campanarios más puntiagudos; incluso a alguna montaña. Pero desde ninguno de esos sitios conseguía llegar con sus saltitos a rozar la Luna de queso.

Tan desilusionado y triste estaba, que se encerró en su casita y no salió durante días y días. Sus vecinos, extrañados, se preguntaban si estaría enfermo. Pero no contestaba a sus llamadas.

Entonces, un buen día, salió de su casita, con el hatillo al hombro y muy sonriente. "¿Dónde vas tan contento?", le preguntaron sus vecinos. Pero el Ratoncito Pérez se limitó a mirarles con su cara sonriente y se marchó. Y nunca jamás se le volvió a ver por allí.

Pero dicen que de alguna manera consiguió su deseo, porque de repente, a la Luna blanca de queso le empezaron a aparecer unos extraños agujeros negros.

Y todos dicen que esos agujeros los hizo el Ratoncito Pérez, que se comió la Luna blanca de queso...

Texto: Luz Olego
Dibujo: Elena Arauzo
Fuente: Luna de Queso



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martes, 6 de marzo de 2007

Y la Luna eras Tú...

San Juan de Puerto Rico

Y la Luna eras tú.
Una Luna creciente, blanca, fría.
Mirabas hacia el mar y hacia las cosas
que no eran yo.

Y con cuánto silencio te gritaba
-creciente, blanco, frío yo también-:
«Mírame, mírame,
ay, mírame mirarte...»

Antonio Gala

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domingo, 25 de febrero de 2007

La Luna y La Rosa


A Jules Supervielle

Mira que es hoy en flor la rosa llena;
cuando en otoño de su fruto rojo
será la rosa nueva...

En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
y el aroma de la noche
le henchía -sedienta boca-
el paladar del espíritu,
que adurmiendo su congoja
se abría al cielo nocturno
de Dios y su Madre toda...

Toda cabellos tranquilos,
la Luna, tranquila y sola,
acariciaba a la Tierra
con sus cabellos de rosa
silvestre, blanca, escondida...
La tierra, desde sus rocas,
exhalaba sus entrañas
fundidas de amor, su aroma ...

Entre las zarzas, su nido,
era otra Luna la rosa,
toda cabellos cuajados
en la cuna, su corola;
las cabelleras mejidas
de la Luna y de la rosa
y en el crisol de la noche
fundidas en una sola...

En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
mientras la rosa se daba
a la Luna, quieta y sola.

MIguel de Unamuno
España, Bilbao (1864-1936)



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lunes, 19 de febrero de 2007

Lirio de Agua

Érase una vez un grupo jovenes muchachas indias fascinadas por la Luna y las estrellas y se decidieron a tocarlas.

Pensaron que de esa forma se transformarían en una estrella o en la Luna. Subieron encima de una colina, pero eso no sirvió.

Persistentes, cada noche las muchachas intentaron siempre encontrar el palacio más alto, pero el cielo continuó estando ausente y lejano.

Una niña india estaba tan decepcionada que una noche vio la Luna reflejada en el lago y , sin dudar, se zambulló en las aguas profundas y desapareció.

La Luna, tocada por ese gesto, dedidió transformarla en una grande flor perfumada que sale solo en la noche: el lirio del agua.
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lunes, 5 de febrero de 2007

Pálida, a Lua Permanece


Pálida, a Lua permanece
No céu que o Sol vai invadir.
Ah, nada interessante esquece.
Saber, pensar - tudo é existir.
Mas pudesse o meu coração
Saber à tona do que eu sou
Que existe sempre a sensação
Ainda quando ela acabou...

Fernando Pessoa
Poesias Inéditas
1934


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domingo, 28 de enero de 2007

El Queso en la Laguna (Veracruz)

Una noche de luna llena, el conejo fue a beber al lago. Al agacharse lo deslumbró un fuerte brillo. Levantó la cabeza y vio que era el reflejo de la luna, que parecía un gran queso hundido en el agua.

Le vino una idea a la mente: tomarle el pelo al coyote.

Respiró profundo y gritó con todas sus fuerzas:

—¡Coyote! ¡Aquí está tu cena!

El coyote, que aún no había cenado, siguió los gritos del conejo y llegó al lago.

—¿Quién me grita? —preguntó.

—Yo, el conejo.

—¿Acaso vas a dejar que te coma?

—No, ¡pienso darte algo mejor! En el fondo del lago hay un queso grandote para ti.

El hambriento coyote se asomó al agua. Observó una mancha redonda y blanca en el interior.

—¡Un queso enorme! —gritó de alegría—. Pero, ¿cómo lo saco?

—Pues tómate el agua del lago. Cuando no quede ni una gota, podrás comerte el queso.

El coyote se puso en la orilla del lago y bebió con rapidez toda el agua que pudo.

El líquido le llenó las patas y la panza, es más, hasta le salía por las orejas. El coyote se hinchó tanto, que con el último trago reventó.

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domingo, 31 de diciembre de 2006

Plenilunio

Fabio Fiallo

Republica Dominicana
1866-1942
A Américo Lugo

Por la verde alameda, silenciosos,
íbamos ella y yo
la Luna tras los montes ascendía,
en la fronda cantaba el ruiseñor.
Y le dije... No sé lo que le dijo
mi temblorosa voz...

En el éter detúvose la Luna,
interrumpió su canto el ruiseñor,
y la amada gentil, turbada y muda,
al cielo interrogó.

¿Sabéis de esas preguntas misteriosas
que una respuesta son?
Guarda, ¡oh, Luna, el secreto de mi alma;
cállalo, ruiseñor!


Fabio Fiallo, periodista, escritor, poeta y sobre todo Patriota. Es conocido por sus poemas En el Atrio y Plenilunio, pero tiene, además, Cantares de la Prisión.

Fabio Fiallo, político nacionalista, resistió con su pluma y su alma la intervención norteamericana de 1916 a nuestro país (Republica Dominicana) y ello le costó la cárcel.

El, junto a una pléyade de buenos dominicanos (Américo Lugo, Federico Henríquez y Carvajal, Max Henríquez Ureña, entre otros tantos) lanzaron una gran cruzada nacional e internacional contra la intervención, pues Don Fabio Fiallo, de la estirpe de Duarte, no consintió jamás la mancillación de la Patria.


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sábado, 30 de diciembre de 2006

Coplas Infantiles


Mira la luna
Comiendo su tuna;
Echando las cáscaras
En la laguna.
Aquel caracol
que va por el sol
en cada ramita
llevaba una flor
que viva la gala
que viva el amor
que viva la concha
de aquel caracol.

Canciones infantiles

Luna lunera,cascabelera,
toma un ochavo para canela.

Luna lunera, cascabelera,
debajo de la cama tienes la cena.

Luna lunera, cascabelera
ojos azules, boca morena.

Luna lunera, cascabelera
cinco toritos y una ternera.

*Luna lunera, cascabelera
cinco toritos en la pradera.


Luna menguante
se pone un guante
para ir cubriendo
su faz brillante.

Desde el mentón
Hacia la frente
Brillan los cuernos
Hacia el poniente.

Esta es la fase de deshacer
todo aquello que no ha de ser.
Lleva consigo
Y desaparece
Lo que no quieras
si tú le ofreces.

Poema de Piedad Quiroz Quinteros de su recopilación de poemas "Aprendamos con ritmo, verso y armonía"


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miércoles, 13 de diciembre de 2006

Luz de Luna

jose_marti_04
en los Versos Libres
por José Martí


Esplendía su rostro; por los hombros
Rubias quedejas le colgaban; era
Una caricia su sonrisa: era
Ciego de nacimiento: parecía
Que veía: tras los párpados callados
Como un lago tranquilo, el alma exenta
Del horror que en el mundo ven los ojos,
Sus apacibles aguas deslizaba:
Tras los párpados blancos se veían
Aves de plata, estrellas voladoras,
En unas grutas pálidas los besos
Risueños disputándose la entrada,
Y en el dorso de cisnes navegando
Del ciego fiel los pensamientos puros

Como una rama en flor, al sosegado
Río silvestre que hacia el mar camina,
Una afable mujer se asomó al ciego:
Tmbló, encendiose, se cubrió de rosas,
Y las pálidas manos del amante
Besó cien veces, y llenó con ellas:
En la misma guirnalda entrelazados
Pasan los dos la generosa vida:
Tan grandes son las flores que a su sombra
Suelen dormir la prolongada siesta.

Cual quien enfrena a un potro que husmeando
Campo y batalla, en el portal sujeto
Mira, como quien muerde, al amo duro
Así, rebelde a veces, tras sus ojos
El pobre ciego el alma sujetaba.
-Oh, si vieras! -los necios le decían
Que no han visto en sus almas- oh si vieras
Cuando sobre los trigos requemados,
Su ejército de rayos el Sol lanza,
Cómo chispean, cómo relucen, cómo,
Asta al aire, el hinchado campamento
Los cascos mueve y el plumón lustrosos!
Si vieras cómo el mar, roto y negruzco
Vuelca al infeliz, y encumbra al fuerte;
Si vieses, infeliz, cómo la Tierra
Cuando la Luna llena la ilumina,
Desposada parece que en los aires
Buscando va, con planta perezosa,
La casa florecida de su amado!

-Ha de ser, ha de ser como quien toca
La cabeza de un niño!

-Calla, ciego.

Es como asir en una flor la vida.

De súbito vió el ciego.-Esta que esplende,
Dijéronle, es la Luna. Mira, mira
Qué mar de luz! Abismos, ruinas, cuevas,
Todo por ella casto y blando luce
Como de noche el pecho de las tórtolas!
-¿Nada más?-dijo el ciego, y retornando
A su amada celosa los ya abiertos
Ojos, besóle la temblante mano
Humildemente, y díjole:-No es nueva,
Para el que sabe amar, la luz de luna.


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jueves, 7 de diciembre de 2006

Ruben Dario Y Otros Complices

Fabio Fiallo
República Dominicana, 1866-1942)

darioHabéis de saber
Que en cuitas de amor,
Por una mujer
Padezco dolor.

Esa mujer es la Luna,
Que en azar de amable guerra,
Va arrastrando por la tierra
Mi esperanza y mi fortuna.

La novia eterna y lejana
A cuya nívea belleza
Mi enamorada cabeza
Va blanqueando cana a cana.

Lunar blancura que opreso
Me tiene en dulce coyunda,
Y si a mi alma vagabunda
La consume beso a beso,

A noble cisne la iguala,
Ungiéndola su ternura
Con toda aquella blancura
Que se le convierte en ala.

En cárcel de tul,
Su excelsa beldad
Captó el ave azul
De mi libertad.

A su amante expectativa
Ofrece en claustral encanto,
Su agua triste como el llanto
La fuente consecutiva.

Brilla en lo hondo, entre el murmurio,
Como un infusorio abstracto,
Que mi más leve contacto
Dispersa en fútil mercurio.

A ella va, fugaz sardina,
Mi copla en su devaneo,
Frita en el chisporroteo
De agridulce mandolina.

Y mi alma, ante el flébil cauce,
Con la líquida cadena,
Deja cautivar su pena
Por la dríada del sauce.

Su plata sutil
Me dio la pasión
De un dardo febril
En el corazón.

Las guías de mi mostacho
Trazan su curva; en mi yelmo,
Brilla el fuego de San Telmo
Que me erige por penacho.

Su creciente está en el puño
De mi tizona, en que riela
La calidad paralela
De algún ínclito don Nuño.

Desde el azul, su poesía
Me da en frialdad abstrusa,
Como la neutra reclusa
De una pálida abadía.

Y más y más me aquerencio
Con su luz remota y lenta,
Que las noches trasparenta
Como un alma del silencio.

Habéis de saber
Que en cuitas de amor,
Padezco dolor
Por esa mujer.



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